Hernia de hiato
La hernia de hiato es una situación patológica que se da cuando parte del estómago se introduce hacia el tórax. El esófago entra en el abdomen
desde el tórax a través de un agujero o hiato que se encuentra en el diafragma. El estómago protruye a través de este hiato debilitado y produce
ardores (pirosis) y dolor torácico. La persistencia en el tiempo de esta hernia, puede provocar una metaplasia de la mucosa esofágica dando lugar
al esófago de Barrett el cual puede malignizar produciéndose cáncer de esófago.
Existen dos formas principales de hernias hiatales:

El más común (95%) es la hernia deslizante, en el que la unión gastroesofágica se mueve por
encima del diafragme conjuntamente con una porción del estómago.
El segundo tipo es paraesofágica, en la que parte del estomago se va herniando a través del hiato
diafragmático sin que se presente movimiento de la unión gastroesofágica.
Un tercer tipo de hernia hiatal se describe como una combinación de las anteriores.
La hernia de hiato es relativamente frecuente, afectando hasta un 20% de la población. Del total de
pacientes con el trastorno, cerca del 10% son asintomáticos, dependiendo del grado de protrución
estomacal y de que tanto esté afectado el esfinter esofágico inferior (EEI). Un 40% de las hernias de
hiato son hernias deslizantes, en las que el EEI protruye conjuntamente con una porción del
estómago,[3] y solo un 5% son paraesofágicas, en la que solo una porción del estómago se hace
intratorácica mientras tanto que el EEI permanece intraabdominal. Aunque se presenta en personas
de todas las edades, una hernia de hiato es más común en personas de mas de 50 años de edad.[4
El debilitamiento o desgarre del hiato esofágico del diafragma puede ser causado por contribución de diversos factores, entre ellos:

  • Obesidad.
  • Tos crónica
  • Estreñimiento
  • Posturas, como el doblarse con frecuencia o levantamiento constante de objetos pesados.
  • Causas genéticas.
  • Tabaquismo.
  • Estrés.
Los síntomas más comunes de una hernia de hiato incluyen agruras, que empeora al tumbarse o agacharse, dolor torácico, dificultad para tragar
(disfagia), palpitaciones y ocasionalmente regurgitación o reflujo gastroesofágico. En la mayoría de los pacientes, una hernia de hiato puede no
tener ningún síntoma.
El diagnóstico de una hernia hiatal comienza con el examen físico por razón de la sintomatología. Los estudios
radiográficos—las radiografías de abdomen con contraste—y estudios endoscópicos—la endoscopia digestiva
(observación directa del esófago y estómago con un tubo flexible de fibra óptica)—demuestran la hernia hiatal[3] y
ayudan a descartar otras causas de molestias digestivas altas.
En la mayoría de los casos los pacientes con hernias hiatales—tanto deslizantes como paraesofágicas—no sufren mayor incomodidad,[1] por lo
que no se amerita tratamiento. Sin embargo, cuando la herniación es voluminosa o si es una hernia paraesofágica complicada con
estrangulación, ulceración, hemorragia, o perforación del estómago herniado, pueden aparecer sintomatologías que requieren intervención
médica. Los pacientes sintomáticos deberían elevar las cabeceras de sus camas para evitar la posición de acostado inmediatamente después de
comer o agacharse justo después de una comida.

Si la herniación es secundaria al estrés, el paciente debe ser prescrito técnicas de reducción de estrés. Si se está en sobrepeso, se debe indicar
pérdida de peso. Si bien se recomiendan en ocasiones fármacos que neutralizan la acidez del estómago, no se deben tomar medicamentos que
reduzcan la presión del esfinter esofágico ingerior. Igualmente, los pacientes fumadores deben considerar dejar el hábito tabáquico.
Cuando los síntomas cuasados por una hernia de hiato son tan severas que se asocia a un
reflujo ácido crónico, a menudo se recomienda un procedimiento quirúrgico conocida como
fundoplicación de Nissen. Las hernias más perversas pueden resultar en lesiones al esófago
o incluso cáncer del esófago. El procedimiento consiste en una laparoscopia en la que la
parte superior o fondo del estómago es envuelto alrededor de la porción inferior del esófago,
previniendo así subsecuentes herniaciones y reflujo gastroesofágico.[6] Con una selección
adecuada de pacientes, la fundoplicación laparoscópica tiene muy bajos rangos de
complicaciones y la recuperación es rápida.

Algunas complicaciones incluyen disfagia (dificultad tragando), náuseas, distensión
abdominal y desprendimiento de la envoltura. Ocasionalmente es requerida una segunda
intervensión reparadora.
En general, las hernias de hiato se sobrellevan muy bien con tratamiento conservador. Sin
embargo, pueden ocurrir complicaciones serias:

anemia por pérdidas de sangre del estómago, lentas y sostenidas, e inadvertidas.
aspiración del contenido gástrico por los pulmones.
estrangulación de la hernia con necrosis del tubo digestivo.
Una hernia de hiato no causa síntomas per se. Sin embargo, es un trastorno que promueve el reflujo de los contenidos gástricos—bien sea por
acciones directas o indirectas sobre el mecanismo de anti-reflujo—y por ello se asocia con la enfermedad de reflujo gastroesofágico (GERD, por
sus siglas en inglés). De esa manera, una hernia hiatal puede estar acompañada de todas las potenciales consecuencias de un GERD: agruras,
esofagitis, esófago de Barrett y cáncer de esófago. El riesgo específico de estas complicaciones por una hernia de hiato sola resulta dificil de
cuantificar, y permanece relativamente bajo.

Adicional a la incomodidad de un GERD y la disfagia, las hernias de hiato pueden tener consecuencias severas en algunos pacientes no tratados.
Las hernias paraesofágicas tienen el potencial de estrangular a una porción del estómago por encima del diafragma. Dicha estrangulación puede
resultar en una obstrucción esofágica o incluso estomacal y el tejido afectado puede llegar a sufrir isquemia y, potencialmente, necrosis.

Otra posible complicación de severidad, aunque bastante rara, es un gran herniación restrictiva por presión de la inflación del pulmón, causando
dolor y problemas respiratorios.
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