Leucemia
La leucemia o leucosis es un grupo de enfermedades malignas de la médula ósea (cáncer hematológico) que provoca un
aumento incontrolado de leucocitos (glóbulos blancos) clonales en la médula ósea, que suelen pasar a la sangre periférica
aunque en ocasiones no lo hacen (leucemias aleucémicas). Ciertas proliferaciones malignas de glóbulos rojos se incluyen
entre las leucemias (eritroleucemia).

Etimología:

literalmente, significa "sangre blanca"; la palabra está formada
por dos elementos griegos: leuc, una variante de leuco =
λευκός, "blanco"; y emia, αἷμα = "sangre".
Prevalencia: la leucemia es el cáncer más frecuente en la
infancia, con 3-4 casos por cada 100.000 niños menores de 15
años.
Existen distintos tipos, de acuerdo con la población leucocitaria que afecten:

  • Leucemia mieloide crónica (LMC) incluida dentro de los síndromes mieloproliferativos crónicos.
  • Leucemia linfoide crónica (LLC) incluida dentro de los síndromes linfoproliferativos y equiparable al linfoma linfocítico.
  • Leucemia linfoide aguda o Leucemia Linfoblástica (LLA).
  • Leucemia mieloide aguda o Leucemia Mieloblástica (LMA).
  • Leucemia mielógena (LM).

  • Además de linfomas no Hogdkin leucemizados, es decir con la presencia de células linfomatosas en la sangre periférica,
    como sucede en la Tricoleucemia.
La principal característica de las leucemias agudas es la
presencia de un "cese madurativo" de las células de línea
mieloide (LMA) o Linfoide (LLA) con blastosis en médula ósea
(superior de 20% de celularidad no eritroide según la OMS).

Dado que todavía queda hematopoyesis normal residual,
puede verse en sangre periférica la existencia de un "hiato
leucémico", es decir, presencia de formas inmaduras en sangre
periférica y formas maduras pero con ausencia de elementos
intermedios.

En las leucemias crónicas, la principal característica
morfológica es la no existencia de dicho hiato leucémico, ya
que no existe stop madurativo, permitiendo secretar a la
sangre células maduras, y su curso clínico suele ser indolente.
Algunas de sus manifestaciones clínicas más importantes son:

  • Compromiso del estado general: decaimiento, falta de fuerzas, inapetencia, baja de peso importante.

  • Fiebre que dura varios días sin una causa aparente, sudoración nocturna, escalofríos.

  • Dolor o sensibilidad ósea, dolores articulares y de extremidades.

  • Hemorragias frecuentes sin motivo aparente, por ejemplo, sangramiento anormal de las encías o de nariz.

  • Petequias (Manchas pequeñas de color rojo por extravasación sanguínea) o Hematomas sin haber tenido algún golpe.

  • Palidez de piel, interior de la cavidad oral o de los párpados.

  • Aumento de tamaño de los ganglios linfáticos.

  • Aparición de masas o crecimientos anormales de órganos abdominales como el bazo y el hígado, o aparición de masas
    que crecen en otras partes del cuerpo.

  • Alteraciones de los exámenes sanguíneos (Hemograma, VHS, etc.).
Si bien algunas leucemias tienen carácter fulminante, otras pueden ser
enfermedades indolentes, de presentación insidiosa. Ya que no existe
ningún síntoma que por sí solo y de manera específica permita diagnosticar
esta enfermedad, siempre debe descartarse la presencia de leucemia en
presencia de manifestaciones clínicas sugerentes, tales como un
hemograma alterado.

El método más seguro para confirmar o descartar el diagnóstico es mediante
la realización de un mielograma y, sólo en casos seleccionados, puede ser
necesario realizar una biopsia de la médula ósea.
La leucemia es un cáncer que se inicia en la médula de los huesos y se caracteriza por excesiva producción de glóbulos
blancos los cuáles aumentan posteriormente sus niveles en la sangre.
La médula que se encuentra dentro de los huesos está
formada por células llamadas hematopoyéticas, las cuáles
sangre. Estás células producidas son los glóbulos rojos,
glóbulos blancos y plaquetas. De los glóbulos blancos se
forman otras dos células, los granulocitos y los monocitos. Si
el crecimiento de estás células no se controla ocurre un
aumento masivo de su concentración en la sangre.

Los huesos largos tienen una capa exterior gruesa de
hueso compacto y una cavidad medular interior que
contiene la médula ósea.

Los extremos de los huesos largos contienen hueso
esponjoso y una línea epifisaria. Dicha línea epifisaria es un
remanente de un área que contiene cartílago hialino que
crece durante la infancia para alargar el hueso.
En una aspiración de médula ósea se extrae una pequeña porción de la misma. El procedimiento es molesto, pero tanto los
niños como los adultos lo pueden tolerar bastante bien. La médula ósea se puede examinar para determinar la causa de la
anemia, la presencia de leucemia u otro cáncer o la presencia de algunas "enfermedades de almacenamiento", en las cuales
los productos metabólicos se almacenan en ciertas células de la médula.
de células sanguíneas, incluidos los glóbulos rojos y las plaquetas. Como resultado de
anomalías de los glóbulos blancos.

En conjunto, los distintos tipos de leucemia son responsables de, aproximadamente, el
25% de los cánceres infantiles y afectan a alrededor de 2.200 jóvenes
norteamericanos anualmente. Afortunadamente, las probabilidades de cura de la
leucemia son muy buenas. Si reciben tratamiento, la mayoría de los niños que sufren
de leucemia se liberan de la enfermedad y ésta nunca reaparece.
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